En el aniversario, Matzkin explicó en qué Estado cree. Una imagen tomada pocos días antes obliga a mirar un poco más allá del discurso.
por Pipo Fisherman 30-09-26
EL ESTADO EN EL QUE CREE MATZKIN
Los discursos protocolares tienen una ventaja: casi siempre uno sabe cuándo aplaudir.
Se agradece a los presentes, se recuerda a quienes hicieron grande al pueblo, se habla del futuro, se invoca a la comunidad y, finalmente, alguien dice feliz cumpleaños.
El del jueves 24, durante el acto por el 144° aniversario de Coronel Pringles, parecía encaminado a cumplir dignamente con el género.
Hasta que Lisandro Matzkin comenzó a ponerse interesante.
En un tramo de su discurso decidió hablar de la amplitud y tolerancia de los pringlenses. Y eligió para demostrarlo un ejemplo bastante particular: él mismo.
Explicó que Pringles es una comunidad mayoritariamente católica —religión que dijo respetar y que profesa su madre— y recordó que, sin embargo, hace siete años eligió a “un intendente judío”.
Después agregó que se siente querido y respetado por su comunidad.
La intención seguramente fue elogiar a Pringles.
La construcción resultó bastante más curiosa.
Porque que una comunidad elija democráticamente a un ciudadano judío difícilmente debería constituir, en pleno 2026, una prueba extraordinaria de tolerancia. Quizás la mejor demostración de una sociedad verdaderamente abierta sea precisamente que la religión de su Intendente resulte tan relevante para administrarla como su grupo sanguíneo.
Pero Matzkin decidió introducir el asunto.
Y durante unos segundos, en pleno cumpleaños de Coronel Pringles, el homenajeado pareció cambiar.
Ya no hablábamos de cómo el Intendente trata a su comunidad.
Hablábamos de cómo la comunidad trata al Intendente.
Y, según supimos, lo quiere y lo respeta.
Nos quedamos más tranquilos.
UNA CIENTÍFICA, Y UNA PALABRA PARA RECORDAR
Hubo después un momento que merece abandonar por completo la ironía.
Mikele Amondarain recibió una merecida distinción por su trayectoria científica.
Pringlense, licenciada en Genética e investigadora en medicina regenerativa, su recorrido incluye universidad pública, CONICET, investigación científica y reconocimiento internacional.
Hay un detalle de esa historia que conviene guardar.
Universidad pública. CONICET. Investigación. Formación científica. Conocimiento.
Estado.
Recordemos esa palabra.
La vamos a necesitar dentro de unos minutos.
“YO CREO EN UN ESTADO…”
Porque entonces Matzkin pronunció probablemente la frase políticamente más importante de su discurso:
“Yo creo en un Estado…”
Conviene detenerse.
No estaba enumerando simplemente obligaciones administrativas de un municipio.
Estaba diciendo en qué cree.
Y cuando un dirigente explica en qué Estado cree, deja de hablar de expedientes y organigramas.
Está haciendo una definición política.
Salud pública.
Educación pública.
Seguridad y prevención.
Infraestructura.
Un Estado que educa, cura, previene, construye y garantiza que una persona pueda acceder a la salud independientemente del dinero que tenga en el bolsillo.
Bastante claro.
El problema comienza cuando uno decide tomar al Intendente en serio.
LOS MIL MILLONES DE SIEMPRE
Al llegar a Salud volvió a aparecer una cifra que ya adquirió categoría de habitante estable del discurso municipal: más de mil millones de pesos.
La cifra se repite con admirable perseverancia.
La desagregación pública que permita saber exactamente qué comprende, bastante menos.
Mientras tanto, el sistema municipal de Salud ha atravesado renuncias de profesionales y el Municipio recurre a médicos provenientes de otras ciudades mediante contrataciones y facturación externa.
Quizás algún día podamos conocer no solamente cuánto gasta Salud.
También cuánto cuesta sostener un sistema que pierde profesionales propios.
CONTAR CÁMARAS
Después llegó Seguridad.
Y volvieron las cámaras.
Las cámaras sirven. Previenen, registran y pueden ayudar a esclarecer delitos.
Pero una cámara es una herramienta de seguridad.
No una unidad de medida de seguridad.
Porque si alcanzara con contarlas, bastaría comprar otras trescientas para amanecer mañana en una ciudad dos veces más segura.
Lamentablemente, los delincuentes no suelen consultar el inventario municipal antes de salir a trabajar.
EL ESTADO FUNCIONANDO COMO ESTADO
En Educación, Matzkin destacó el trabajo conjunto con autoridades educativas de procedencias políticas diferentes.
Y hace bien.
Resulta que para resolver un problema educativo no es indispensable preguntarle primero al funcionario a quién votó.
Puede parecer un descubrimiento revolucionario en estos tiempos.
Pero tiene un nombre bastante más sencillo:
el Estado funcionando como Estado.
Y, NATURALMENTE, EL POLIDEPORTIVO
Cuando llegó la obra pública apareció, inevitablemente, el Polideportivo.
A esta altura, si Matzkin pronunciara una conferencia sobre reproducción de ornitorrincos probablemente encontraría la manera de anunciar que el Polideportivo está próximo a inaugurarse.
La obra estuvo abandonada durante décadas y esta administración decidió terminarla. Su utilidad, su costo final y el lugar que ocupó frente a otras necesidades de infraestructura serán evaluados con el tiempo.
No hace falta volver ahora sobre todo eso.
Porque después de escuchar durante varios minutos al Intendente explicar en qué Estado cree, conviene mirar una fotografía tomada apenas unos días antes.
Hay que buscarlo un poco.
Milei está adelante.
Santilli también.
Matzkin aparece detrás, parcialmente tapado (o escondido?).
Esta vez había demasiados protagonistas como para garantizarle el centro del encuadre.
Pero está.
Las convicciones, en cambio, no sabemos exactamente en qué fila quedaron.
Y aparece entonces una pregunta inevitable:
¿En qué Estado cree Lisandro Matzkin cuando deja de hablar como Intendente y comienza a moverse como dirigente político?.
DOS ESTADOS
El Matzkin del escenario acaba de describir un Estado que educa, cura, previene, construye y garantiza.
Javier Milei construyó buena parte de su identidad política alrededor de una concepción bastante diferente acerca del tamaño y las funciones del Estado.
Uno habla de garantizar.
El otro hizo de la motosierra su símbolo.
Y entonces aquella distinción entregada unos minutos antes a Mikele Amondarain adquiere otra dimensión.
El jueves Pringles homenajeó a una científica cuya trayectoria está estrechamente relacionada con el sistema público argentino de investigación.
Hizo muy bien.
Mientras tanto, durante el actual Gobierno nacional, el sistema científico sufrió una fuerte reducción real de recursos y un severo deterioro salarial.
El jueves aplaudimos a la científica.
El financiamiento de la ciencia no tuvo la misma suerte.
En menos de una semana pudimos observar, entonces, tres Estados.
El que ayudó a formar a la científica que Pringles homenajeó.
El que Matzkin reivindicó desde el escenario.
Y el que Milei pretende reducir.
Lo extraordinario es que nuestro Intendente consiguió estar cerca de los tres.
CUANDO LA MOTOSIERRA LLEGA A CASA
Pero alguien podría argumentar que el CONICET queda lejos.
Zona Fría, no.
En 2024, cuando la continuidad del beneficio estaba amenazada, el propio gobierno municipal salió públicamente a defenderlo. Advirtió sobre el impacto económico que tendría perderlo y recordó las particulares necesidades de calefacción de nuestra región.
Dos años después, Coronel Pringles quedó entre los municipios alcanzados por la eliminación del beneficio general.
Durante un tiempo la motosierra podía parecer una discusión televisiva.
Después llegó a la factura del gas.
Nada de esto convierte a Matzkin en responsable de las decisiones del Gobierno nacional.
No fija el presupuesto del CONICET.
No administra la economía argentina.
No modificó Zona Fría.
Pero una fotografía política tampoco es apenas una reunión de personas mirando hacia la misma cámara.
Mucho menos cuando expresa acercamientos que exceden lo estrictamente institucional.
Y ahí reaparece la contradicción.
Porque apenas unos días después de aquella foto, Matzkin subió al escenario en Pringles y explicó con bastante claridad en qué Estado cree.
No hace falta repasar aquí su itinerario político. Habrá tiempo para eso.
Alcanza con poner una imagen al lado de un discurso.
En una, el Intendente aparece junto al Presidente que convirtió la motosierra y la reducción del Estado en emblemas de su proyecto político.
En el otro, reivindica un Estado que educa, cura, previene, construye y garantiza.
La distancia geográfica no es demasiada.
La distancia entre ambas concepciones del Estado parece bastante mayor.
CUERPO, ALMA Y PRESUPUESTO
Y entonces llegamos al día siguiente.
Como ocurre con encomiable regularidad cuando llega el momento de explicar la gestión, Matzkin volvió a conversar con su comunicadora preferida en su programa de radio favorito. Si, ese en el que las respuestas fluyen tan naturalmente que las preguntas parecen guionadas de antemano.
Allí defendió los festejos del aniversario y dejó una frase destinada a sobrevivir a la entrevista:
“Hay que alimentar el cuerpo, pero también el alma.”
Tiene razón.
Una comunidad necesita cultura, música, encuentro, deporte y fiesta.
Nadie propone que Coronel Pringles celebre su aniversario con tres sillas, una guitarra prestada y un termo de mate cocido.
El problema aparece cuando el alma pasa por Contaduría.
El Decreto 1024/26 autorizó para las actividades del aniversario gastos por hasta cien millones de pesos, provenientes del Tesoro Municipal.
No es una estimación.
No es un rumor.
Está en el decreto.
Y el propio Intendente aportó en aquella entrevista una curiosa unidad de medida presupuestaria: dijo que, si no se hacía el aniversario, con esos fondos podrían solucionarse aproximadamente cuatro techos.
Perfecto.
Ahora sabemos también cuánto pesa el alma en materiales de construcción.
Cuatro techos.
El asunto sería menos interesante si no existiera algo llamado contexto.
Mientras el alma recibía presupuesto, la paritaria municipal seguía abierta.
Mientras se armaba el escenario, trabajadores municipales continuaban discutiendo salarios cuya insuficiencia conocemos de sobra.
Mientras llegaban los artistas, el comercio local atravesaba dificultades reconocidas incluso por sus propios representantes.
Y mientras el Intendente filosofaba sobre las necesidades espirituales de la comunidad, el INDEC informaba que la pobreza había vuelto a subir: 32,3% de las personas en el primer semestre de 2026.
La discusión nunca fue fiesta sí o fiesta no.
Ni cultura contra salud.
Ni Los Palmeras contra cuatro techos.
La discusión tiene un nombre bastante menos poético: prioridades.
Cuánto.
Cuándo.
En qué.
Y quién paga.
Porque alimentar el alma puede ser una excelente política pública.
El problema empieza cuando quienes pagan el menú todavía están haciendo cuentas para alimentar el cuerpo.
LA MOTOSIERRA Y LOS ARTISTAS
Y la historia todavía se reserva una última ironía.
El hombre que ocupaba el lugar principal en aquella fotografía de Bahía Blanca tuvo una mirada bastante menos espiritual cuando otros Estados provinciales o municipales destinaron dinero público a espectáculos.
Javier Milei, usando su ya conocido lenguaje mezcla de trabajador portuario y paciente psiquiátrico, cuestionó públicamente esas contrataciones y utilizó precisamente la pobreza como argumento para hacerlo.
En Pringles, Matzkin sostiene otro criterio.
Está en todo su derecho.
Pero entonces vuelve a aparecer el problema que atravesó todo aquel discurso del 24.
Las ideas.
Porque si el Estado debe garantizar salud, educación, seguridad e infraestructura; si debe sostener la ciencia, proteger a los vecinos frente a determinadas desigualdades y además financiar cultura y celebración comunitaria, el Estado en el que cree Matzkin no parece coincidir demasiado con el que propone Milei.
Y no tendría por qué coincidir.
EN QUÉ ESTADO
Quizás el discurso del 24 haya terminado siendo bastante más interesante de lo que prometía un acto protocolar.
Porque nos permitió conocer el Estado en el que Lisandro Matzkin dice creer.
Uno que educa.
Que cura.
Que previene.
Que construye.
Que protege.
Que genera oportunidades.
Y que, cuando corresponde, también alimenta el alma.
La pregunta no es si Matzkin puede fotografiarse con Milei, conversar con Santilli o acercarse políticamente a quien considere conveniente.
Por supuesto que puede.
La pregunta es otra:
¿Cómo se concilia el Estado que defiende cuando habla en Coronel Pringles con el proyecto político al que parece acercarse cuando sale de Coronel Pringles?.
Tal vez no sea necesario buscar la respuesta demasiado lejos.
Puede que esté en algún punto entre aquel “Yo creo en un Estado…” pronunciado desde el escenario y esa media sonrisa que apenas asoma detrás de otros protagonistas en Bahía Blanca.
En una imagen hubo que buscar bastante para encontrar al Intendente.
Esperemos que para encontrar sus convicciones no haya que ampliar tanto la foto.